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sábado, 14 de marzo de 2009

ROSINA GOMEZ- BAEZA PREMIO AULA DE PAZ DE LAS ARTES CAMIN DE MIERES


Por la izquierda, Karin Ohlenschaläger, comisaria de la muestra; Peter Weibel, director del ZKM; Mercedes Álvarez, Rosina Gómez-Baeza y Alicia Piquer, directora de comunicación de la Sociedad Estatal para la Acción Cultural Exterior.



«ZKM y Laboral son neuronas que se reflejan, espejos de iniciativas». Peter Weibel, director ejecutivo del Centro para el Arte y la Tecnología de Karlsruhe (ZKM), se convirtió ayer en el padrino más deseado del Centro de Arte y Creación Industrial de Gijón. El primer gran museo digital del mundo acogía una exposición producida por Laboral y lo hacía con entusiasmo y con elogios. «Banquete_nodos y redes», ya exhibida el pasado año en Gijón e integrada por proyectos de una treintena de artistas, entre ellos los asturianos Pablo Armesto, Alfredo Colunga y Pablo de Soto, se inaugura hoy en el ZKM de Karlsruhe, la ciudad alemana que, según Weibe, podría ostentar el título de capital de la cultura digital.



Rosina Gómez-Baeza, directora de Laboral, no ocultaba su felicidad. «¡Creo tanto en el proyecto!», decía. Ambos directores presentaron la muestra, en un acto al que también asistieron la consejera de Cultura de Asturias y presidenta del patronato de la Fundación La Laboral, Mercedes Álvarez; la comisaria, Karin Ohlenschaläger, y la representante de la Sociedad Estatal para la Acción Cultural Exterior (Seacex) que, junto a la Fundación Telefónica, colabora en el proyecto. «El trabajo de Laboral es extraordinario. Esta exposición nos va a ayudar cuando a final de año seamos objeto de clasificación por los periodistas que evalúan la calidad de nuestras actividades. Gracias a ella estaremos entre los primeros», añadió Weibel.


«Espejo» fue una de las palabras más utilizadas por Mercedes Álvarez y Rosina Gómez-Baeza en sus discursos para referirse al modelo de referencia de Laboral, aunque la directora del centro asturiano jugó también con el significado de «banquete», palabra que se asocia a fiesta, a homenaje, a ceremonia de iniciación.


«Para nosotros, esta inauguración en ZKM es un verdadero banquete», afirmó. «Nos mueven inquietudes similares. Yo personalmente pero también el proyecto que estamos desarrollando somos deudores de la filosofía de este centro. Laboral aspira a contribuir a la regeneración y la búsqueda de nuevas alternativas para nuestro territorio, Asturias es nuestro único objetivo», añadió.




La consejera de Cultura, Mercedes Álvarez, a la derecha, en una de las instalaciones en el ZKM; a la izquierda, Rosina Gómez-Baeza y Pablo Armesto.



En la misma línea, la consejera de Cultura destacó que Laboral «es el único centro de España dedicado, desde su concepción, a la cultura tecnológica, la investigación artística, la producción, la formación, la exposición y la difusión del arte y las industrias creativas. Representa un nuevo modelo cuya programación tiene como soporte esencial la propuesta de estrategias de participación y diálogo en la intersección del arte y la creación industrial».


Mercedes Álvarez añadió que la apuesta del Gobierno del Principado por situar a Asturias en un lugar puntero «ocupa un lugar de privilegio» y que la estrategia está dirigida a «convertir Asturias en un foco de desarrollo tecnológico y de atracción de empresas del sector de tecnologías de la información y la comunicación».


«Banquete_nodos y redes», la exposición que hoy se inaugura en Karlsruhe y de la que ayer se presentó el catálogo, es una reflexión sobre la cultura digital a partir de nuestra estructura neuronal, tal como la describió por primera vez Ramón y Cajal, hasta las configuraciones globales de la sociedad, la cultura o la tecnología en la era de la información. A la inauguración asisten casi todos los autores.


El asturiano Pablo Armesto, persona tímida pero artista arriesgado, presenta «Secuencias 24», luminosa y poética instalación basada en la secuenciación del genoma. Alfredo Colunga presenta «E-day for energy», una instalación muy plástica sobre los modelos resolutivos ante la escasez de combustibles fósiles. Pablo de Soto, el otro asturiano, no ha podido venir. Están sus dos compañeros del colectivo «Hackitectura», con quienes ha elaborado «Situation room», que desarrolla la idea de recintos especiales destinados a centralizar la recepción de información y toma de decisiones militares en tiempo real.


En la exposición, que se exhibirá hasta el próximo 28 de junio, figuran otros nombres, entre ellos José Manuel Berenguer, Escoitar, Kónic, Platoniq y Águeda Simó.


La del ZKM no es el primer proyecto que Laboral presenta fuera de Asturias. «Emergentes», diez proyectos de artistas latinoamericanos, se exhibió en la Fundación Telefónica de Buenos Aires y Lima y a lo largo de este año se mostrará en México, Chile y São Paulo. «MARX», de PSJM, ha sido expuesta en el centro de Arte Moderno de Las Palmas de Gran Canaria (CAAM) y «TACs», experimentación con imagen biomédica, obra de Íñigo Bilbao, se muestra desde enero en el museo que Ars Electronica tiene en Linz (Austria).






viernes, 13 de marzo de 2009

EL REAL CLUB DE GOLF DE CASTIELLO PREMIO AULA DE PAZ CAMIN DE MIERES





El Real Club de Golf de Castiello es por excelencia y desde hace unos años lugar de cita de importantes personalidades que por razones de índole profesional o de simple recreo visitan Asturias. La belleza del campo, lo recóndito de su emplazamiento y las barreras verdes que ha ido extendiendo la naturaleza por sus perímetros hacen del lugar un paraíso para los amantes de la placidez deportiva. «Es una hermosura», me comentó este insigne periodista, Carsten Moser, desde una terraza particular que contempla las calles del hoyo 9 y del 10, incluso un poco más arriba, el terciopelo esmeralda, en ligero declive, del hoyo 5. Carsten Moser es un señor alto, de muy buena pinta, habla un castellano perfecto sin sombra de acento, y toda su persona inspira serena inteligencia, lo que no impide advertir en él firmeza de carácter y hasta un punto de pasión. Al preguntarle: «¿Qué le gusta a usted de España?», me miró de frente, muy serio, y dijo: «Todo». Confieso que me emocioné.






Carsten R. Moser nació en Lüneburg, una localidad próxima a Hamburgo, en 1943. A las ocho semanas su madre volvió con él a España, donde residía la familia. Contaba 6 años cuando, por razones del trabajo de su padre, se trasladaron a Perú hasta 1958, «vivíamos en Lima, en la zona de Miraflores, concretamente en el barrio de San Isidro», comenta divertido; sin duda, había algo de premonición respecto a Madrid. Tras realizar sus estudios medios en Canadá, en un internado de Toronto, obtuvo la licenciatura en Ciencias Económicas por la Universidad de Hamburgo.


-¿Hizo Periodismo paralelamente?


-No, en Alemania no existe la carrera de Periodismo, se hacen unos cursillos o se acredita la aptitud mediante experiencia. Ocurre que, al hacer el doctorado, me lo dirigió un profesor que tenía dos revistas de teoría económica, una en inglés y otra en español; yo hablaba ambos idiomas, así que me escogió para trabajar con él media jornada, como ayudante de redacción. Al año ya era director.






-Estaba en el camino, pero ¿qué ocurrió con su tesis?


-Me dieron cum laude, la publiqué... Por cierto, se titulaba «La importancia del turismo en un país en desarrollo, España». Era el año 1973 y mi padre, debido a cuestiones profesionales, vivía de nuevo en Madrid; tenía un negocio de exportación e importación. Me dijo: «¿Por qué no vienes a trabajar conmigo?». En esos momentos yo ya estaba en «Die Zeit» y respondí que si el semanario me aceptaba como corresponsal... Había un problema: esta empresa distribuía los temas en exclusividad, es decir, el redactor encargado del deporte no tocaba asuntos políticos o culturales, y así el resto de secciones. Yo propuse escribir de economía, política y cultura, y levantaron la mano.


-Así que ya lo tenemos a usted en Madrid de nuevo...


-Sí, tuve mucha suerte, me correspondió la época de la transición y este proceso interesaba mucho en Europa. Portugal había iniciado el cambio en 1974 y España en 1975; eran años dorados para los corresponsales extranjeros. El corresponsal más antiguo es un alemán, Walter Haubrich, que sigue escribiendo para la edición dominical del «Frankfurter Allgemeine Zeitung» («FAZ»). Entre los dos, al alimón, escribimos un libro, «Los herederos de Franco», de enorme riesgo, puesto que nadie era capaz de prever qué iba a pasar; aún era el período de Arias Navarro en la Presidencia del Gobierno. Hoy, con más de 30 años a la espalda, podemos decir que no nos equivocamos tanto; no estaba Adolfo Suárez en nuestras previsiones, pero sí muchos personajes que luego fueron trascendiendo, como Felipe González, Francisco Fernández Ordóñez... Incluso, descubrimos a Jesús de Polanco, que aún no era nadie.






-¿Tuvieron éxito editorial?


-Recibimos muy buenas críticas y para mí resultó estupendo, porque me nombraron subjefe internacional de «Stern», lo que me hizo volver a Hamburgo, donde me quedé seis años, uno de subjefe y cinco de redactor jefe. Volví a Londres de corresponsal, apenas un año, porque la empresa Bertelsmann estaba buscando un director para sus revistas en España, que a su vez fuera economista. Me llamaron y aquí estoy desde 1985. Entonces era una pequeña editorial, con unos 90 trabajadores que producían «Dunia», «Ser Padres», «Muy Interesante» y «Natura». Con el tiempo desapareció «Dunia», pero sacamos «Marie Claire», «Cosmopolitan», «Mía», «Geo» y una serie dedicada al automóvil y al motociclismo que entre ambos temas edita 28 revistas. También llevamos la edición de varios semanarios latinoamericanos.


-Total, le pusieron a usted al frente de un verdadero emporio...


-Responsabilidad ampliada más tarde, ya que, junto a un miembro del consejo de administración, me nombraron coordinador de las actividades del grupo Bertelsmann en España. Y en 2000 Carlos Solchaga, presidente de la Fundación Euroamericana, entidad que sirve de puente entre Europa y América Latina para ayudar en sistemas de organización social y política, me pidió que me incorporara a la entidad, de la que actualmente soy vicepresidente; un compromiso que me ha enriquecido mucho.







-¿Cómo se estableció su vinculación con Asturias?


-En 1998 le concedieron a Reinhart Mohn el premio «Príncipe de Asturias» de Comunicación y Humanidades, lo que supuso mi segundo encuentro con Asturias; el primero estuvo motivado por ediciones especiales de «Geo». Reinhart Mohn es el propietario del grupo Bertelsmann, cuyas ventas anuales alcanzan los 20.000 millones de euros y cuenta con unos 100.000 empleados. Es la primera agrupación editorial de Europa y la cuarta del mundo. Trabaja en cinco áreas: RTL, que aquí asume el 20% de Antena 3, el Club de los Libros, que entre otras marcas incluye el Círculo de Lectores, Editorial Random House Mondadori, con unos 20 sellos, la sección de Imprentas y Servicios y, por fin, G+J, la mía, de la que ahora soy consejero editorial. En la actualidad, mi relación con Asturias se sostiene en el trabajo y en muy buenos amigos. La Cámara de Comercio alemana para España, con sedes en Barcelona y Madrid, está presidida por Francisco Bellini, que previamente trabajó en Bayer, empresa de gran presencia en Asturias. Aunque ahora está en Siemens, no ha olvidado Asturias, y las reuniones de la Cámara se celebran frecuentemente, en Oviedo o en Gijón.


-Hábleme de la trayectoria de Reinhart Mohn.


-La empresa le viene de familia desde hace 170 años, pero él le ha dado un gran impulso. En 2007, yo dejé la dirección de G+J en España, pero los propios Mohn me pidieron asumir la secretaría general de la Fundación Bertelsmann, dedicada a fomentar iniciativas entre los jóvenes, promover la cultura empresarial... Es un puesto de confianza. En Alemania esta Fundación lleva 30 años funcionando y en España 15. Por cierto, respecto a la formación de bibliotecarios otorgamos un premio a la Biblioteca Pública Vital Aza de Mieres.






-¿Como economista, cómo ve la situación de España?


-Ya he escrito varios comentarios al respecto. Es un momento difícil, propiciado, entre otros factores, por el desplome del modelo económico basado en la construcción, por el turismo, que ha tocado techo, y por la industria del automóvil, que va de capa caída. Es preciso reinventar rápidamente una fórmula de crecimiento. La construcción se repondrá con el tiempo, pero no creo que vuelva a tirar del carro; hay 1.500.000 viviendas vacías en España. En cuanto al sector automovilista, sería necesario abrir nuevos caminos hacia ofertas diferentes de menos consumo. No queda otro remedio que buscar nuevas industrias que generen empleo.

jueves, 12 de marzo de 2009

JUANÍN DE MIERES PREMIO AULA DE PAZ CAMIN DE MIERES



Nombre artístico de Juan Menéndez Muñiz, un mito de la tonada (canción asturiana). Nació en el barrio de Oñón de la villa de Mieres el 14 octubre de 1905 en el seno de una familia numerosa de gran tradición musical, falleciendo en Gijón el 13 de septiembre de 2003.


El Almirante, acertado sobrenombre que le puso Ricardo Vázquez Prada (director en tiempos del desaparecido diario ovetense Región), es una de las referencias clásicas de la canción asturiana, junto a Xuaco el de Sama, Los Cuatro Ases (Cuchichi, Miranda, Botón y Claverol) o Ángel el Maragatu, por citar algunos de los más grandes.


Cantante autodidacta dotado de una poderosa voz de barítono, que alabaron artistas de la talla del universal tenor Alfredo Kraus, dominó la canción desde joven, ganando en cuantos concursos competía. Su primera actuación pública tuvo lugar con 12 años. A los 15 era el solista en la cuerda de barítonos de una capilla sacra mierense y a los 19 ingresó en el Orfeón de Mieres, por entonces uno de los más prestigiosos de España, donde estuvo 31 años. Aunque perteneció a otras muchas agrupaciones corales, su mayor gloria la alcanzaría en solitario, convirtiéndose aún en plena juventud en una referencia obligada de la canción asturiana. Incluso fue solicitado para cantar la banda sonora de películas como «Marianela», de Benito Perojo, y prestó su voz para «Bajo las tinieblas de Asturias», filmada en Moreda, localidad perteneciente al municipio/concejo asturiano de Aller.


Como integrante del Orfeón de Mieres, en 1929 tuvo ocasión de cantar en el Palacio Real ante la familia del rey Alfonso XIII, y, con posterioridad, lo hizo en la casa-gerencia de Fábrica de Mieres ante el entonces príncipe y hoy rey Juan Carlos, entonando varias tonadas.


Tras retirarse como cantante, formó parte del jurado de algunos concursos.


Tiene producidas más de 40 canciones en nueve discos. «A la salida del Sella», «Arrea, carretero», «Las cuatro Polas», «Tengo de subir al puerto»... son canciones fundamentales y fuente imprescindible para cualquier aficionado.


Juanín de Mieres «creó un estilo personal afirmado no sólo en su impecable presencia, que cuidaba con esmero (siempre de elegante traje oscuro, acompañado de su inseparable pajarita) como símbolo del respeto que le inspiraba un público que esperaba ansioso su actuación, sino también en su excepcional voz de barítono, de timbre sonoro y robusto con unas cualidades innatas para interpretar la tonada. Poseía Juanín un admirable timbre de voz y una gran valentía en la emisión, tanto en los graves como en los agudos, hechos a los que hay que añadir una cuidada respiración que le permitía prolongar las notas como a muy pocos les estaba permitido hacer» (Luis Alberto Fernández Glez., «Juanín de Mieres, símbolo de asturianía», diario La Nueva España, Oviedo, 15-9-2003).


A su calidad artística sumaba Juanín de Mieres sencillez y nobleza. Recibió numerosos y justificados reconocimientos, como el homenaje que le rindió toda Asturias en el año 1957 con una semana completa de festejos, los títulos de «Mierense del año» 1990 e hijo adoptivo de la ciudad de Oviedo (17 de mayo de 1999), o el escudo de oro del Centro Asturiano de Madrid...; además, Juanín de Mieres da nombre a una calle de Mieres y a otra de Gijón, y se exalta su figura en Oviedo a través de dos monumentales esculturas.



El cartel en Asturias es el protagonista de una espléndida exposición que reúne más de cien carteles, pertenecientes a la colección del Museo del Pueblo de Asturias, y que se puede disfrutar estos días en el Centro Cultural Antiguo Instituto de Gijón. Permítanme que, por su importancia histórica, calidad artística y valor sentimental, destaque el cartel «Asturias rinde homenaje a Juanín de Mieres», del año 1957.


De las muchas distinciones que Juanín de Mieres ha obtenido a lo largo de su vida, del homenaje que guarda su más grato recuerdo fue del que Asturias le rindió en 1957. En el año 2001, Juanín me comentaba: «Me sentí muy satisfecho y siempre me emociono al recordarlo. Fue una semana llena de agasajos. Nunca pude imaginar que tuviese tantos simpatizantes y admiradores. Desde luego, si algo he hecho por Asturias, me siento pagado con creces».


A Juanín de Mieres siempre se le han valorado su humildad y generosidad. Sus amigos y compañeros de profesión distinguían su desinterés para con los demás y el haber estado toda una vida llevando nuestro cancionero en una exaltación constante de la Asturias que le vio nacer. Intérprete de dotes excepcionales, hombre de bien y de sencillas costumbres, reunía en sí cualidades para que el pueblo asturiano se le entregase en un grandioso homenaje.


La idea surgió en Mieres, y el fervor popular se puso en marcha en cuanto la idea salió a la calle. Si Juanín fuese un divo del bel canto de fama universal, el hombre asturiano de la calle no encontraría sitio en el homenaje que a Juanín se le rindiera. Esa emoción extraña de la gente asturiana cuando escucha una tonada de «la tierrina», con gusto y arte, se hizo presente en su homenaje, pues un homenaje a Juanín era un homenaje a la canción asturiana. Y un homenaje a la canción asturiana era un homenaje a Asturias.






En la sala de juntas del Grupo de Empresa de Fábrica de Mieres, S. A., convocados por Ramón Antuña Montoto en la tarde del 22 de noviembre de 1956, tuvo lugar la reunión para la formación de la comisión organizadora del homenaje. El objeto de la convocatoria era rendirle un justo homenaje al cantante. Así pues, Ramón Antuña expuso el proyecto, que había sido sometido con anterioridad a estudio y aprobación de los presidentes honorarios: Manuel Loring Guilhou, Conde de Mieres, y Alfredo Santos Figaredo, y se extendió en la importancia de formar una junta eficiente al frente de la cual debía figurar Felipe Díaz Bustamante, persona vinculada a la vida social de Mieres, gran admirador y amigo del homenajeado. Finalmente, se informó a los convocados de las gestiones realizadas con el presidente de la Asociación de Dibujantes Españoles, Sócrates Quintana, para que se encargase de la ejecución del cartel anunciador, heraldo propagador de la fiesta. La comisión organizadora quedó formada por personas de toda índole social y residentes en diversos lugares de España. Rápidamente se cursaron las debidas invitaciones a todos los mierenses que había desparramados no sólo por el suelo español, sino por todos los países hispanoamericanos.


Consecuencia lógica de todo esto fueron los rápidos y numerosos ofrecimientos de artistas y agrupaciones artísticas que se sumaron al homenaje, mostrando gran interés por tomar parte en los festivales artísticos que se habrían de realizar. Hasta los equipos de fútbol de la provincia ofrecieron su colaboración, por lo que se pensó en montar una competición entre los principales equipos asturianos. Juzgando por toda esta clase de detalles, a buen seguro se habrían de programar varios días para el desenvolvimiento del gran programa deportivo y artístico-social. Mieres se disponía a vivir unas jornadas que se anunciaban como inolvidables.


El 26 de enero se colocaron por toda la población mierense los lujosos carteles murales anunciadores del homenaje. Se enviaron muestras a numerosas poblaciones españolas: León, Ponferrada, Madrid, Torrelavega, Barcelona, y a países como: Cuba, Chile, Uruguay, Argentina, México y Estados Unidos. El cartel, basado en la simplicidad de las tintas rojas y negras, era el desarrollo de un hermoso boceto que Sócrates Quintana había hecho hacía unos años a Juanín en Madrid, ya que el pintor poseía su estudio en el barrio madrileño de Salamanca. El pintor supo plasmar una acertada y brillante interpretación de «un momento» del famoso Juanín, que aparece cantando con su peculiar movimiento bucal. El «Almirante» está en una actitud muy viva y dinámica, en la que destacan la fuerza de la línea en la composición y la sutil utilización de claros y sombras. No podemos olvidarnos del colorido y de la distribución de los rotulados (Asturias rinde homenaje a Juanín de Mieres, «Almirante de la Canción Asturiana», mayo de 1957) de gran valor artístico y pictórico.


El día 16 de mayo volvieron a reunirse los componentes de la comisión. En la sesión se trató la exposición detallada de lo que se había realizado hasta la fecha, así como el estudio de conveniencias y proposiciones generales. Ramón Antuña leyó la lista de los ofrecimientos artísticos que se contaban para montar las funciones que tendrían lugar en el teatro Capitol. También expuso el sistema que habría de regir el torneo relámpago «Juanín de Mieres», en el que intervendrían diferentes equipos asturianos. El secretario se refirió al cierre de actos con un gran banquete popular.


Todo estaba preparado y a punto para las grandes celebraciones. El miércoles 19 de junio, a las siete y media de la tarde y a las once de la noche, en el teatro Capitol tuvieron lugar dos magníficos festivales artísticos en cuya primera función intervinieron: la Orquesta «Luna»; «Cuchichi», de Oviedo; Diamantina, de Mieres; «El Tordín», de Frieres; Amable Fueyo, de La Depata (Mieres); «El Maizu», de Peñarrubia; Veneranda, de Felechosa; José Noriega, de Villaviciosa; Aníbal Menéndez, de La Felguera; Ataúlfo Lada Camblor, de Serrapio; Herminia Muñiz, de Ablaña; El Presi, de Gijón; Víctor Mejido y su hermano David, de Felechosa; Silvino Argüelles, de Santo Emiliano; «Pimpe», de Mieres; José Miranda, de Grado, y Juanín de Mieres. Tras un intermedio amenizado por la Orquesta «Luna», llegó la segunda función con los siguientes participantes: Trío «San Juanín», de Mieres; «Cuarteto Asturiano», de Gijón; Conchita, de Mieres; «El Tordín»; Ochote «Teodoro Cuesta»; «El Maizu»; Noriega; Coro «Santiaguín»; Orfeón de Mieres; Aníbal Menéndez; Ataúlfo Lada Camblor; El Presi y Juanín de Mieres. Al término de cada función el homenajeado, bajo enormes ovaciones, dedicó a sus admiradores algunas de sus mejores creaciones. El espectáculo fue dirigido por el señor Hevia y presentado por el célebre monologuista de Mieres Marcelino Camporro. Fue un éxito tremendo, pues en el escenario del teatro Capitol se dieron cita los mejores cantantes y agrupaciones artísticas del momento.


El 20 de junio, día del Corpus, a las cinco y media de la tarde en el estadio municipal de El Batán se celebró el torneo relámpago de fútbol «Juanín de Mieres», en el que participaron los equipos: Caudal Deportivo de Mieres, Felguera SCP, Unión Deportivo de El Entrego, Real Oviedo CF y Real Gijón CF. Tras las eliminatorias, la final se la disputaron el Real Gijón y la Felguera. En este encuentro resultó vencedor el Real Gijón. Juanín de Mieres entregó la copa al equipo triunfador entre los aplausos de la gran concurrencia.


El domingo 23 se celebró un banquete popular en los soportales del Colegio de Santiago Apóstol de Mieres. Más de quinientos comensales rodearon a Juanín, al que se le nubló la vista con lágrimas en el curso de la comida. Él sabía que todo era sincero, pero nunca creyó que sus amigos fueran tantos y su popularidad mereciese aquella movilización. Los núcleos asturianos repartidos por España enviaron su representación. El acto estuvo presidido, por el alcalde de Mieres, José María Álvarez, y con Juanín figuraban también en la presidencia Manuel Loring Guilhou, Felipe Bustamante, Ramón Antuña Montoto, Alejandro Pidal y Bernaldo de Quirós, así como otras personalidades. Juanín de Mieres agradeció a todo el mundo los actos a su estilo y de la mejor forma que sabía hacerlo, cantando con arrogancia y bravura de manera insuperable, sorprendente y magistral. A su lado cantaron los supervivientes de la mítica agrupación «Los Cuatro Ases»: «Cuchichi» y Miranda. Así fue sellado y afirmado el cariño y el afecto que Asturias sentía por este mierense.












miércoles, 11 de marzo de 2009

JORGE GIBERT TARRUELL PREMIO AULA DE PAZ CAMIN DE MIERES




El monje cisterciense Jorge Gibert Tarruell, de 77 años, partió ayer, en torno a las tres de la tarde, del monasterio de Valdediós (Villaviciosa) para dirigirse a su nuevo destino, en la abadía de Santa María de Viaceli, Cóbreces, municipio del Alfoz de Lloredo, en Cantabria.


Gibert comió a la una y media de la tarde -hora habitual del almuerzo conventual- junto a los otros dos monjes de la comunidad, Massimo Marianella y Lawrence Curran, ya que el oblato Javier González había dejado el monasterio días atrás.


Tras esta última comida con la comunidad, Jorge Gibert partió hacia Cóbreces, pueblo próximo a la costa, entre Comillas y Santillana del Mar, donde se esperaba su llegada antes de las cinco de la tarde. De este modo, Gibert se incorpora a un monasterio de la Orden Cisterciense de la Estricta Observancia, los Trapenses, del mismo tronco benedictino que el Císter.


Por su parte, el monje Lawrence Curran abandonará Valdediós esta semana, mientras que el padre Massimo Marianella permanecerá algún día más en el cenobio de Villaviciosa, para liquidar los últimos asuntos de la administración del convento y realizar el traspaso del inmueble a la Comunidad de San Juan. Tres religiosos de dicha comunidad, encabezados por Tarsicio Lemarie, se instalarán en los próximos días en Valdediós, después de que la Santa Sede decretara el pasado día 26 de enero la supresión del Priorato Conventual Cisterciense, erigido por el mismo Vaticano en julio de 1992.


La Comunidad de San Juan, congregación nacida en 1975 y de origen francés, ha sido la señalada por el arzobispo Carlos Osoro para sustituir al Císter.


Hacia 1999, la vida no era fácil en el monasterio de Valdediós (Villaviciosa). Había «situaciones que dañan la serenidad y tranquilidad comunitarias», al mismo tiempo que «hay un descrédito de la autoridad debido a diversos factores, como actitudes de objetiva y reiterada desobediencia». Ambas frases pertenecen al comunicado final de los cuatro visitadores que ese año examinaron el monasterio asturiano por orden de la Santa Sede.


Las circunstancias del cenobio eran tan complicadas que incluso algunos monjes, sin permiso del prior, ofrecían en la hospedería una especie de atención pastoral a personas homosexuales, según ha podido contrastar LA NUEVA ESPAÑA. Un suceso que los visitadores insinuaron al decir en su informe que ello podía repercutir «incluso fuera del monasterio, generando perplejidad, si no escándalo».


La declaración de los visitadores forma parte de un conjunto de documentos y cartas -34 en total- que el prior Jorge Gibert Tarruell ha dado a conocimiento público tras la supresión de priorato cisterciense de Valdediós, decretado por la Santa Sede el pasado 26 de enero, aunque recurrido después por Gibert.


Además de los documentos fundacionales de 1992, y de convenios con el Principado, la colección dejada por Gibert sirve para conocer el suceso de las expulsiones -aunque el prior ha eliminado toda alusión a los hechos de homosexualidad-, y también para seguir el proceso de supresión del monasterio, donde desde hace dos semanas residen miembros de la Comunidad de San Juan, congregación que ha sustituido al Císter.


Respecto a la visita canónica de 1999, ésta dejaría una huella indeleble en el cenobio. Respaldaba al prior, Jorge Gibert, pero la expulsión de tres monjes y la negativa posterior de la Orden Cisterciense a enviar refuerzos significarán una merma que abocaría al cierre. Los cuatro visitadores -Nicolas Aubertin, Luigi Rottini, José María Soler y Fernando Guimarães- dicen reconocer «el ingente trabajo realizado en estos años en la restauración del monasterio y en el satisfactorio desarrollo de vuestra vida litúrgica y monástica». Sin embargo, hallan «muchas cosas, y serias, que deben ser encauzadas».


Después de enviar su informe al Vaticano, la Santa Sede emite un decreto -el 25 de marzo de 1999- en el que determina: «En vista de su comportamiento», dos monjes «deben ser alejados de la comunidad por un tiempo prudencial suficientemente largo»; otro monje, «dado su estado de salud, podrá permanecer en el monasterio, a cuya observancia y bienestar deberá colaborar con empeño y buena voluntad». No obstante, este tercer monje decide acompañar a los otros dos y abandona el monasterio. Los tres residen en Cataluña desde entonces.


Estos monjes son los que «el abad general, dom Policarpo Zakar, me aconsejó aceptar en 1993, procedentes de Poblet, y son los que crearon la grave situación que desembocó en la visita apostólica de 1999», explicará Gibert años después en una carta contenida en la colección de documentos.


Además de imponer las exclaustraciones, el decreto exige que «la hospedería deberá estar dotada de un reglamento que haga respetar las exigencias de la clausura monástica». Este dato de la hospedería hace referencia a la citada atención espiritual a homosexuales registrada hasta entonces.


El decreto también señala que «ha de cuidarse con esmero el proceso de formación, inicial y permanente, en Valdediós. Para ello se intentará reforzar temporalmente la comunidad con dos monjes cualificados que puedan asistir al prior en el desempeño de esta grave obligación».


Ambos monjes nunca llegaron. Por ello, el 30 de marzo de 2000 Gibert envía una carta al abad general del Císter, Mauro Esteva, en la que se queja de que «han pasado doce meses y nadie ha venido. Se me ha dicho que ningún superior de nuestra orden puede desprenderse, ni tan sólo temporalmente, de algún monje para ayudar a Valdediós».


El prior también lamenta que «no hay nadie en la orden dispuesto a asumir las funciones de delegado de la Santa Sede para Valdediós», por lo que se encomienda dicha tarea al arzobispo de Oviedo, Gabino Díaz Merchán. «La impresión que da esta propuesta es la de que se quiere a toda costa terminar con la comunidad de Valdediós». Iba a ser un pronóstico fatídico.






Tras las exclaustraciones, Valdediós quedó reducido al prior y cuatro monjes. «Ciertamente es muy poco», reconoce Gibert en la misma carta, y agrega que «dos o tres personas se están interesando para ingresar, y convendría reforzar la comunidad para poder asegurarles una formación monástica adecuada». No hubo tal refuerzo. «Con la amenaza de la supresión, ¿quién se decidirá a entrar?», se preguntaba Gibert hace nueve años, y reprochaba al Císter estas «actitudes difíciles de entender desde una perspectiva de Iglesia».


El interpelado, dom Mauro Esteva, contesta al prior por carta: «Comprenda usted que, después de una visita apostólica y la situación de incertidumbre que había en la comunidad, juzgara que era mejor dejar pasar un tiempo prudencial».


Valdediós entra en la incertidumbre. Pasan los años y en 2005 Julián Herrojo, rector de la Basílica de Gijón, viaja a la India, comisionado por el arzobispo Carlos Osoro, a pedir ayuda para Valdediós al monasterio benedictino Makkiyad (Kerala). Ésta y gestiones similares en España y Europa fueron infructuosas. En el verano de 2006, Herrojo establece un primer contacto con la Comunidad de San Juan, en Rimont (Francia), casa madre de la congregación. Gibert había dado esa referencia, pero reconoce después haberlo hecho «en un momento de debilidad, y muy pronto me di cuenta de que debía rectificar para mantenerme fiel al carisma y vocación» de monje cisterciense.


El prior, de acuerdo con la comunidad, inicia otro movimiento. En agosto de 2007 solicita «oficialmente poder ser admitidos en la Orden de los Cistercienses Reformados o de la Estricta Observancia», la Orden Trapense, del mismo tronco benedictino que el Císter.


Previamente, sor Enrica Rosanna, subsecretaria de la vaticana Congregación para los Institutos de Vida Consagrada, había escrito a Gibert expresando que «usted sabe que este dicasterio no se opone a la hipótesis de pedir ayuda como "extrema ratio" a otras familias monásticas. Pero ciertamente corresponde a usted tomar contactos y formular proyectos».






Al mes siguiente, cuenta Gibert, «dom Bernardo Olivera, abad general de los Trapenses, me llamó por teléfono y me comunicó que el Consejo del Abad General había decidido aceptar positivamente nuestra solicitud y que la cuestión será discutida en el Capítulo General de la Orden, en Asís (Italia), en septiembre de 2008».


De nada iba a servir. Osoro y la Santa Sede avanzaban en la idea de sustituir al Císter en Valdediós por la Comunidad de San Juan. El 26 de enero de 2008, el cardenal Franc Rodé expresa a Gibert que los informes recibidos en su dicasterio durante el último año han sido «siempre muy preocupantes». Por tanto, pretende «revocar» la fundación de Valdediós. Y justo un año después, el 26 de enero de 2009, fue firmado el decreto de supresión. Era el fin de la historia cisterciense de Valdediós, y el final de la colección documental de Gibert.


A comienzos de abril del año 2000, Dom Mauro Esteva, abad general de la Orden Cisterciense, recibía en Roma una carta con las siguientes palabras: «La impresión es la de que se quiere a toda costa terminar con la comunidad de Valdediós. Para ello, el mejor modo es dejarla que vaya asfixiándose en su reducido ambiente, y así poder justificar en un futuro quizá no lejano la necesidad de cerrar el monasterio. En lugar de ofrecer a la comunidad una ayuda para crecer y desarrollarse, se la pone bajo el señor arzobispo de Oviedo (Gabino Díaz Merchán».


Jorge Gibert Tarruell, monje cisterciense y prior hasta su supresión del monasterio de Valdediós, escribió este párrafo hace casi nueve años y constituye la primera alarma documentada acerca de que el cenobio de Villaviciosa podría desaparecer al cabo de unos años. Así ha sido, por decreto de la Santa Sede fechado el pasado día 26 de enero.


El texto citado forma parte de una colección de 34 documentos y cartas (82 páginas en total) que el propio Gibert ha hecho pública, y que puede ser consultada en la dirección de internet -todavía viva- del monasterio (www.valdedios.org). Los papeles de Valdediós, en castellano, francés, italiano y latín, arrojan luz sobre algunos períodos del monasterio cisterciense, como es el caso de la exclaustración de tres monjes en 1999, un episodio que, visto hoy en perspectiva, supondrá la herida de muerte del monasterio.


Varios de los documentos publicados ahora son elocuentes en sí mismos; otros precisan de contexto, y, en parte, lo proporciona el propio Gibert en una introducción de cuatro páginas. Figura también un curioso documento en el que el abad general del Císter, el citado Dom Mauro Esteva, relata en latín cómo sufrió una caída y rompió un brazo durante un viaje a España.






Se titula «Ecce sto ad ostium et pulso» -«Estoy a la puerta y llamo», frase del Apocalipsis- y narra que «die 26, hora 18.28, Abbas Generalis cecidit, dum nimis oneratis erat impedimentis ad tres menses itineris»; es decir, «el día 26, a las seis y 28, el abad general cayó a causa de la mucha carga de maletas que portaba para un viaje de tres meses». El religioso explica que con toda esa carga «currebat ut ne perdere vehiculum horae 18.30 ad iter pergendum in civitatem Vallisoletanam», esto es, «corría con el fin de no perder el vehículo de las seis y media para realizar el viaje a Valladolid». Tras la caída, «fractura in brachio sinistro inventa», «es encontrada un fractura en el brazo izquierdo».


El hecho de que Dom Mauro Esteva se dirigiera de este modo a toda la Orden Cisterciense, en 2006, para explicar en latín su caída, motivó la introducción del simpático escrito en la colección de los papeles de Valdediós. Pero son precisamente las cartas que Jorge Gibert dirige a Esteva -que fue novicio suyo en Poblet- las redactadas con un tono más duro y severo, como la citada al comienzo, reprochándole abiertamente que la Orden no ayude a Valdediós con monjes o actitud de cercanía y, con ello, persiga su cierre. «Las relaciones de Gibert con su orden han sido siempre muy complicadas», señala un eclesiástico que pide anonimato, pero buen conocedor del caso de Valdediós. «Gibert es una buenísima persona, pero, a veces, algo duro en el trato», agrega.


La compleja historia del Valdediós refundado en 1992 se puede rastrear entre las líneas de estos documentos. Sólo se les ha mutilado algún nombre y únicamente en un caso aparecen unos puntos suspensivos que sustituyen a un párrafo eliminado.


La supresión se halla en una carta-informe del 22 de diciembre de 2007, dirigida por Gibert al cardenal Franc Rodé -prefecto de la vaticana Congregación para los Institutos de Vida Consagrada-, que el prior inicia: «Últimamente, los acontecimientos se están precipitando y se hace necesario aclarar los diversos aspectos y actuaciones, antes de tomar una decisión concreta». A continuación, Gibert relata varios hechos, como visitas suyas a la citada Congregación, o varias reuniones mantenidas con el arzobispo Carlos Osoro, o la primera visita a Valdediós, en enero de 2007, de miembros de la Comunidad de San Juan, la congregación ahora establecida en el monasterio de Villaviciosa, tras la supresión del priorato conventual cisterciense.


A continuación, en dicha carta-informe, Gibert repasa la historia de Valdediós, desde 1992 hasta ese momento, y llega al punto titulado «la cuestión de los exclaustrados en 1999». En este apartado, tras recordar la actuación de cuatro visitadores designados por la Santa Sede -que determinaron la salida del monasterio de tres monjes-, aparecen los citados puntos suspensivos.


Al cotejar esta supresión, la citada fuente eclesiástica explicó a LA NUEVA ESPAÑA que «Gibert y otras personas consideran que, por prudencia, no debía difundirse que en torno a esas exclaustraciones hubo un hecho llamativo, y es que se desarrolló antes de aquello una atención pastoral a personas homosexuales en la hospedería del monasterio, y eso creó cierto escándalo entonces».


Dicha atención pastoral a homosexuales se desarrolló sin autorización de Gibert y fue una de las causas de la Visita Apostólica que determinó la Santa Sede para el monasterio, llevada a cabo por Bernard Nicolas Aubertin, obispo de Chartres, antes abad de Lérins (Francia) y entonces delegado de la Santa Sede para Valdediós; Luigi Ambrogio Rottini, abad presidente de la Congregación Cisterciense de San Bernardo de Italia; Josep María Soler, hoy abad de Monserrat y entonces visitador de la Provincia Benedictina Casinense de España, y Fernando Guimeráes, oficial de la vaticana Congregación del Clero.


Respecto al conjunto de los documentos ahora divulgados, pueden catalogarse en cuatro apartados: la fundación de Valdediós (1992), la primera crisis con el Principado (1994), las exclaustraciones y sus consecuencias (1999), y el proceso de supresión (2006-2009).







jueves, 5 de marzo de 2009

ANTONIO SUAREZ PREMIO DE ARTES PLASTICAS DEL AULA DE PAZ CAMIN DE MIERES



Nacido en Gijón, 1923.

Andadura pictórica: En 1957 se integra en el grupo El Paso. En el 58 inicia su camino independiente.

--Según los expertos, su pintura parte de unos ingredientes artesanos muy sólidos



--Básicamente, se necesita oficio. En cualquier tipo de arte eso te da una enorme libertad para decir lo que quieres. Toda mi vida he sido pintor y creo que aprendo todos los días.

--Llegado un momento en la vida de un artista, parece que el oficio se va quedando oculto

--Cuando me siento a trabajar, a dibujar o lo que sea, siempre recibo el impacto de algo que se me acaba de ocurrir. Gracias al oficio puedo interpretar algo con ese material. Eres dueño de lo que quieres hacer, tus sueños y lo que sea, para reflejarlos.

--Hace 50 años, con El Paso su pintura toma ya el aspecto que tendrá hasta ahora. De una forma oscura primero, que después en los años 70 y 80 se ilumina. ¿Qué da a los miembros del grupo ese aire de familia?

--Cuando formamos el Grupo El Paso, algunos vivíamos en París, como Saura y yo; y otros, como Canogar, en España. Pero siempre creímos que pintara uno lo que pintara, como grupo debíamos tener una base. No hay duda de que la base es Goya. Si se da uno una vuelta por las Pinturas Negras de Goya, se ve ese tronco común. Todos hacíamos una pintura oscura, tanto en París como en Madrid. Era una oscuridad que quizá correspondía a la España de ese momento. Más adelante yo recuerdo como una cosa personal que Juana Mordó me dijo: "Me alegro, Antonio, ya abandonaste los oscuros".

--Esa densidad fuerte de la materia en sus cuadros la logra usted mismo fabricando la pasta y los colores con polvos y aceites

--Yo soy muy clásico y fabrico la pintura. Amaso la pasta que uso y procuro, al aplicarla al lienzo que sea sensual y expresiva. Si veo que no me va a funcionar dejo el cuadro.

--Sus dibujos de los primeros 50 muestran su interés por la mujer (esposa de pescador o de minero y sola) y una conciencia social.

--Sí. Es cierto. Yo he dibujado siempre a la mujer. Y pescadores y mineros. Yo no voy a los grandes restaurantes ni a los cabarets.

--¿Esa mirada hacia la realidad la mantuvo también en su etapa informalista?

--Mi trayectoria es como la de un tren que va por sus raíles. Yo me dejo llevar por la pintura y por lo que siento, que es la vida misma. Uno lee el periódico, vive en la vida. Cuando estoy muy apagado, cuando veo que las cosas están muy fastidiadas es cuando pinto de color rosa. Quiero que todo sea alegre, que esté bien.



--¿Cómo recuerda al resto de sus compañeros del grupo: Millares, Saura...?

--Se lo digo muy pronto: Millares era de una sensibilidad tan exquisita que dudo que alguien le superara en eso. Manolo Rivera era un inventor con sus cosas. Saura era tan inteligente que podría haber hecho lo que quisiera y lo habría hecho bien. A él se le ocurrió El Paso y cantidad de cosas. Él fue el que dijo: "Tenemos que unirnos porque si no, no tendremos fuerza ¿Qué os parece si nos llamamos El Paso?".

--¿Por qué duró tan poco El Paso?

--Desaparece porque, desde nuestro punto de vista, había cumplido ya la misión de presentar en España algo que creíamos que era nuevo, lo que se estaba haciendo fuera, y eso era un paso adelante. No era más que eso, un paso, y una vez dado, había cumplido su misión.

El primer manifiesto del grupo El Paso instaba, en febrero de 1957, a la aproximación entre los pintores que impulsaron aquella renovación del arte español y «escritores, cineastas, músicos y arquitectos». En esa declaración de intenciones -alimentada por un sentido utópico de la relación entre arte y sociedad- latía el ideal de una integración entre las artes; un ideal que se revelaría al cabo complicado, según constatarían posteriores manifiestos. Sin embargo, hubo en El Paso quien desmintió esa dificultad. El asturiano Antonio Suárez (Gijón, 1923) desarrolló, sobre todo entre la década de los 50 y los 60, una intensa y variada actividad vinculada a la arquitectura que constituye una parte muy poco conocida de su obra. Solventar esa carencia y revalorizar esa faceta de Suárez es el objetivo de «El arte de Antonio Suárez aplicado a la arquitectura», estudio y catálogo de la historiadora Ana Gago que se presenta hoy en Gijón con motivo de una muestra dedicada al mismo por el Museo-Casa Natal de Jovellanos.

Treinta y seis de los bocetos que sirvieron como preparación para las pinturas murales, vidrieras o mosaicos que realizó Suárez en el marco de diversos proyectos arquitectónicos constituyen la sustancia de una muestra que no sólo revela una obra que, a veces de puro visible y cotidiana, pasa desapercibida. También advierte sobre un patrimonio a menudo delicado que en ocasiones se ha perdido y en otras se ha conseguido salvar; caso del mural del chalé de Joaquín García Morán o el mosaico para el Banco Herrero donados al Museo de Bellas Artes de Asturias, piezas que constituyeron el centro de un primer vistazo a este aspecto de la obra de Suárez en una exposición organizada por el museo.

La aproximación simultánea a lo arquitectónico y a lo artesanal que supuso esta producción, y su espíritu de ruptura respecto a lo que en este terreno se realizaba en España en aquellos años de impronta historicista, se plasmó de manera muy diversa: encargos de tema religioso para las iglesias construidas por el Instituto Nacional de Colonización, o contratadas directamente por la propia Iglesia; obras de carácter civil y urbanístico, como el mosaico para el ovetense paseo de los Álamos, o para infraestructuras como la central del Silvón o la térmica de Soto de Rivera; trabajos para sucursales bancarias, para pequeños comercios familiares, para viviendas particulares?





A través de todas ellas, Antonio Suárez tuvo ocasión de colaborar con arquitectos como José Luis Fernández del Amo, uno de los grandes impulsores de la integración de las artes en la España de aquel tiempo, y con profesionales asturianos: Álvarez Castelao, Vallaure Fernández-Peña, Suárez Aller, Bobes Ortiz, Mesones Cabello, Muñiz Uribe, Blanco Besós, Fernández-Rañada? El aprendizaje de las disciplinas aplicadas le puso en contacto con creadores como Jesús Díaz, «Zuco», el ceramista Arcadio Blasco o el marmolista Belarmino Cabal. Y en ocasiones trabajó con artistas que también desarrollaron una importante labor asociada a la arquitectura, como su paisano, amigo y coetáneo Rubio Camín.

Junto a ellos, y ciñéndose siempre a un estricto principio de funcionalidad, Suárez desplegó un mundo en el que predominó la imaginería religiosa, pero cuya iconografía también incluye el paisaje industrial y fabril, los oficios o la figura equina tratados con un estilo siempre asociado a su evolución pictórica, desde la figuración hacia una mayor libertad. Suárez se sirvió para ello de muy diversas técnicas: óleos sobre cemento o tabla; vidrieras con nervios de hormigón o emplomadas; cerámica, pirograbado, talla y forja? Y un único caso de pintura al fresco: el ya citado mural para el doctor García Morán.

De todo ello da cuenta una investigación que ha avanzado desde cero, apoyándose en el propio testimonio del autor y en abundantes fuentes documentales. La intención final del libro de Ana Gago, que se integra en su tesis doctoral sobre el artista gijonés, es la de destacar el carácter en absoluto accesorio de esta faceta de Suárez. De hecho, escribe Gago, esta revisión ayuda a que su figura «sea considerada en un sentido más amplio, al ponerse de relieve la génesis de una obra reflexiva, surgida tras un meditado proceso de análisis y estudio, algo que en sus óleos, debido al predominio en ellos del gesto y de la materia, es más difícil discernir».