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miércoles, 4 de febrero de 2009

PREMIO AULA DE PAZ DE LAS ARTES FAVILA


Favila mira hacia el pasado antes de lanzar su mirada hacia el futuro. Ése parece ser el espíritu que preside la extensa retrospectiva que, desde ayer, dedica el Centro Cultural Cajastur Palacio de Revillagigedo al moscón Amado González Hevia (Grado, 1954) que, bajo su nombre artístico, firma el centenar largo de obras reunidas por el comisario Benjamín Lebrato para «Cuatro décadas»: cuarenta años de trabajo que se despliegan a lo ancho de los dos pisos del palacio y que permanecerán en él hasta el 19 de abril en las mismas salas que hace unos meses ocupaba Hugo Fontela, uno de los alumnos más aventajados y agradecidos del artista y profesor de la Escuela de Artes y Oficios de Avilés.

Reunir la muestra no ha sido fácil. Según Lebrato, una de las características que definen a Favila es el gran aprecio que suscita entre los compradores una obra que en pocas ocasiones regresa desde las salas al estudio del artista afincado en Avilés. «Solventar la dispersión» de las piezas ha sido, pues, el principal afán de Lebrato, que ha complementado el discurso pictórico con un vídeo y unos bronces que ilustran la faceta como escultor del artista, que también ha cultivado la ilustración, el cartelismo o la escenografía.

Pero el Favila que ocupa el Revillagigedo es, esencialmente, el pintor. Un pintor que dice atender, sin más, a su entorno: «Pinto lo que veo y no le doy más vueltas», aseguró el artista, que, en efecto, manifiesta en el conjunto de su retrospectiva una atención hacia lo cotidiano captado en su inmediatez y trasladado al lienzo con rapidez y resolución. Carnavaladas, marinas, paisajes, chigres, pueblos y ciudades, junto con los seres humanos anónimos y comunes que los pueblan, son los asuntos que se han ido repartiendo en bloques temáticos junto a otros más peculiares, como los músicos o los motivos religiosos, en un recorrido que también atiende al Favila cartelista.

Pero «Cuatro décadas» significa mucho más que un repaso para Favila: marca lo que Benjamín Lebrato describió como «un punto de inflexión», y el propio artista como «un punto de partida» para una etapa nueva que se iniciará con una individual en Miami en septiembre. «Es una forma de reunir todo lo que me sirvió para llegar al punto en el que estoy, y pintar ahora con más libertad», explica Favila, que considera que esta obra le ha servido «como al músico de jazz», para «curtirme en temas diferentes y ceñirme a esquemas para luego pintar con mayor libertad, como en sus improvisaciones».

«Aunque los temas sean nuevos, en esencia seguiré pintando lo que me rodea, pero cambiando el lenguaje, la ejecución, de un modo más escueta y sin adornos», aclara un artista que a sus 55 años se siente al fin capaz de «atacar» partituras «totalmente nuevas» con la libertad que da una disciplina de cuatro décadas.

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