Después de pasar por Málaga, la exposición ‘Cuevas Turísticas de España’ permanecerá en Santander hasta el próximo 28 de marzo, ofreciendo a sus visitantes una muestra fotográfica de las principales cavidades de la península. La exposición, promovida por la ACTE (Asociación de Cuevas Turísticas Españolas), pretende impulsar el turismo subterráneo, muy importante en países como Estados Unidos, Francia o China.
La muestra cuenta con fotografías de las 35 cuevas españolas que forman parte de la ACTE, todas ellas con un gran interés geológico y con excelentes muestras de pinturas prehistóricas. Entre ellas destacan, además de Altamira, el resto de cuevas de la cornisa cantábrica, declaradas Patrimonio de la Humanidad el pasado mes de julio: la Cueva de Chufín, El Soplao, Hornos de la Peña, Monte Castillo, El Pendo, La Garma y Covalanas, en Cantabria; Tito Bustillo, Candamo, La Covaciella, Llonín y Pindal, en Asturias; y Altxerri, Ekain y Santimamiñe, en el Pais Vasco. Todas ellas cuentan con magníficas manifestaciones de arte rupestre, la primera gran representación artística de la humanidad, en la que predominan las figuras de animales como bisontes, caballos, ciervos, renos o toros.
En la exposición también podrá contemplar la riqueza arqueológica y geológica de las cavidades de Andalucía, Baleares, Canarias, Castilla y León, Comunidad Valenciana, Extremadura, Galicia, Madrid y Navarra, así como admirar una selección de piezas de ámbar de El Soplao, extraídas del yacimiento de ámbar del Cretácico más importante del mundo y que se encuentra en las proximidades de está cueva cántabra. El yacimiento, originado hace más de 110 millones de años por un paleoincencio, cuenta con una gran abundancia de piezas de color azul-púrpura con insectos fosilizados en su interior, que se exponen al público por primera vez en la exposición ‘Cuevas Turísticas de España’.
Esta exposición forma parte de la intención de ACTE de dar a conocer al gran público el Patrimonio Subterráneo español, uno de los recursos turísticos más importantes del país, y que ya llevan promocionando varios años con Cuevatur. En estos congresos, celebrados en diferentes comunidades autónomas, se dan cita numerosas empresas, espeleólogos, científicos e instituciones con el objetivo de mostrar el gran potencial que tiene el turismo subterráneo.
La Cueva del Pindal se sitúa en las proximidades de la localidad de Pimiango (concejo de Ribadedeva), en el Oriente del Principado de Asturias, muy cerca del límite con Cantabria. Posee una planta lineal en la que se disntinguen dos sectores : el oriental abierto al público y el occidental, de acceso restringido. Esta cueva posee unas pinturas rupestres conocidas ya desde 1908. Está incluida en la lista del Patrimonio de la Humanidad de la Unesco desde julio de 2008, dentro del sitio «Cueva de Altamira y arte rupestre paleolítico del Norte de España» (en inglés, Cave of Altamira and Paleolithic Cave Art of Northern Spain).
Geología
El sustrato geológico del entorno data del Paleozoico, encontrándose rocas cuarcíticas de la Formación Barrios (Ordovicico), la sucesión detrítica de la Formación Ermita (Devónico) y las formaciones carbonatadas de la Caliza de Alba y Caliza de Barcaliente, sobre la cual se desarrolla todo el complejo kárstico.
Geomorfología
La geomorfología del entorno de la cueva resulta de la actuación de procesos:
1) Litorales.- Se observan dos antiguas plataformas de abrasión emergidas por procesos tectónicos y/o descenso del mar que son la Rasa II de Pimiango (160 m), situada al norte y que se asienta sobre la Cuarcita de Barrios; y la Rasa I (50 m), situada al sur, que se asienta sobre la Caliza de Barcaliente.
2) Torrenciales.- Que han originado la aparición de cuencas y abanicos torrenciales en el frente norte de la Rasa II de Pimiango.
3) De gravedad.- Depósitos de gravedad (caída de rocas mas reptación) que han originado derrubios en las laderas de las cuencas torrenciales y en la zona del frente de la Rasa II de Pimiango.
4) Kársticos.- Dolinas, rellenos de materiales insolubles de la caliza y un valle ciego formado por coalescencia de varias dolinas sobre la Rasa I de Pimiango, bajo la cual se ubica la cueva.
La existencia de anisotropias (diaclasas, fallas) favorece a la infiltración de las aguas superficiales y de los cauces próximos, que juntas forman aguas agresivas que disuelven las rocas de litología carbonatada, generando así cuevas subterraneas.
La Cueva del Pindal se caracteriza principalmente por desarrollar formas fluviokársticas (destacando roof pendants), de gravedad (destacando los depósitos de colapso) y de precipitación química así como gran cantidad de espeleotemas (estalactitas, estalagmitas y columnas).
Pinturas rupestres
La mayoría de las representaciones están situadas en los paneles de la derecha de la cueva. Se han documentado en diferentes investigaciones la existencia de 13 bisontes, 8 caballos, una cierva, un ciervo y unas astas aisladas, un mamut y otras figuras no reconocibles.
Existen también abundantes signos de color rojo como puntos, trazos, trazos paralelos y figuras claviformes.
El Discobolo es una escultura realizada por Mirón de Eleuteras en torno al 455 a. C., que representa a un atleta justo en el instante anterior a lanzar un disco.
Hay quien interpreta que la figura representa al héroe «Hyakinthos» (Jacinto); amado por Apolo, el cual le habría matado de forma involuntaria con un disco. Después, con su propia sangre habría creado la flor del mismo nombre. De este asunto existe un gran cuadro, pintado por Giambattista Tiepolo, en el Museo Thyssen-Bornemisza de Madrid.
Mirón representa el cuerpo en el momento de su máxima tensión; ese esfuerzo no se refleja sin embargo en el rostro, que muestra solo una tenue concentración. La torsión del cuerpo, es vigorosa, pero al mismo tiempo armoniosa y delicada. Todo el cuerpo está echado hacia delante, para producir con el balanceo posterior el impulso necesario para poder lanzar el disco.
Como casi todas las esculturas griegas, actualmente no subsiste el ejemplar original, seguramente realizado en bronce, y la obra se conoce por múltiples copias en mármol talladas en época romana. De entre estas copias que han sobrevivido una de las más famosas es la primera en ser descubierta en la época moderna, en la Villa Palombara propiedad de la familia Massimo, en 1781. Esta copia es conocida como Lancelotti. Actualmente se encuentra en el Museo Nazionale Romano de Roma.
Otra copia notable fue descubierta en 1790, y procede de la Villa Adriana de Tívoli. Esta escultura es propiedad del Museo británico desde 1805, en donde se encuentra a la vista del público. Hasta octubre de 2009 estará expuesto como préstamo en el Museo Arqueológico de Alicante MARQ.
Mirón (En griego Μύρων; trabajó h. 480-440 a. C.) fue un gran escultor y broncista de mediados del siglo V a. C. y uno de los más conocidos autores del arte griego, cuyas aportaciones escultóricas supusieron la transición al periodo clásico. Nacido en Eleuteras, ciudad situada en la frontera de Beocia y el Ática. Según la Historia Natural de Plinio, Agéladas de Argos fue su maestro.
El viajero Pausanias destacó esculturas de Mirón que permanecían in situ en el siglo II. Quionis, un vencedor olímpico del siglo VII de Esparta era conmemorado a través de un bronce idealizado obra de Mirón
La Reina doña Sofía inauguró ayer en el Museo Arqueológico de Alicante la exposición La belleza del Cuerpo. Arte y pensamiento en la Grecia Antigua, patrocinada por Cajamurcia compuesta por una selección de 125 esculturas, cerámicas, terracotas, mármoles, bronces, monedas y escrituras cedidas por el British Museum. Entre todas ellas destaca El Discóbolo, de Mirón, del que la Reina expresó su admiración tanto por su condición de pieza maestra del arte griego, como por su estructura.
La obra, una escultura de mármol de 700 kilogramos de peso y 1,70 metros de altura, se exhibe por primera vez en España y por segunda vez fuera de los muros del museo británico tras su participación en la exposición celebrada en China con motivo de las Olimpiadas de 2007 en torno a los Juegos Olímpicos en la Antigüedad.
Manuel Olcina, director técnico del museo y comisario de la muestra, explicó que "al llegar a la sala en la que se encuentra la que está considerada como la pieza estrella, Doña Sofía se sentó durante un largo periodo de tiempo en el área prevista para ello junto a la escultura."
Trabajó fundamentalmente con el bronce: y aunque hizo algunas estatuas de dioses y héroes, su fama descansa principalmente en sus representaciones de atletas, en los que hizo una revolución, según los comentadores de la Antigüedad, al introducir una mayor audacia en la pose y un ritmo más perfecto, subordinando las partes al todo. La observación de Plinio de que las obras de Mirón eran numerosior que las de Policleto y «más diligentes» parece sugerir que eran consideradas de proporciones (numeri) más armoniosas y al mismo tiempo más convincentes en su realismo: diligentia denotaba «gran atención a los puntos delicados», una cualidad que, con moderación, era característica de las mejores obras de arte, según los críticos de la Antigüedad. Su gran mérito consistió en saber captar como nadie el movimiento. Sus obras más famosas se caracterizan por la representación fidedigna de las tensiones del cuerpo humano en movimiento, como se aprecia en su conocido Discóbolo, y el realismo en sus esculturas de hombres y animales.
La exposición podrá visitarse a partir de hoy y permanecerá abierta hasta el 13 de octubre. Las previsiones apuntan a que recibirá "miles de visitas", ya que "la expectación es muy grande, ya no solo en Alicante, sino en todo el país", sentenció el director técnico del arqueológico.
Sus obras más famosas, según Plinio (Historia Natural, 34.57-59) fueron una vaquilla, un perro (canem, tal vez Cerberus), un Perseo, un sátiro — Marsias— admirando la flauta y Minerva (Atenea), un Hércules, que se llevó al santuario que le dedicó Pompeyo el Grande en el Circo Máximo, el Discóbolo (el lanzador de disco), y un Apolo para Éfeso, «que Antonio el triunviro cogió a los Efesios, pero el Augusto deificado lo restauró después de haber sido advertido en un sueño». Los escritores del Alto Imperio Romano consecuentemente consideraron a Mirón entre los más grandes de los escultores griegos, un signo de que su reputación contemporánea había permanecido alta.
La vaquilla parece que obtuvo su fama principalmente por inspirar epigramas, lo que nada nos dice sobre la pose del animal. Un epigrama sobre Ladas, el corredor más veloz de la época, señala que fue conmemorado por una escultura de Mirón; del Ladas de Mirón no hay copia conocida. Una descripción de Luciano definitivamente identifica como obra de Mirón el Discóbolo o «Lanzador de disco», de la que existen varias copias, de las cuales la mejor es la del Palazzo Massimi alle Terme, Roma. Estrabón también registra grupos callejeros sobre Mirón, especialmente un amplio grupo en Samos; varias cabezas supervivientes se han identificado como copias de la Atenea Samia de Mirón por C.K. Jenkins en 1926.
Una figura de mármol en el Museo de Letrán, que está actualmente restaurada como un sátiro danzante, es casi con certeza una copia de una obra de Mirón, un Marsias deseoso de tomar el aulos que Atenea había arrojado. El grupo entero está copiado en monedas de Atenas, en un vaso y en un relieve que representa a Marsias como oscilando entre la curiosidad y el miedo a desagradar a la diosa Atenea.
Los críticos antiguos dicen de Mirón que, aunque tuvo un éxito admirable al dar vida y movimiento a sus figuras, no logró presentar las emociones de la mente. Esto concuerda con la evidencia existente, hasta cierto punto, aunque no perfectamente. Los cuerpos de sus hombres son de mucha mayor excelencia que sus cabezas. La cara de Marsias es casi una máscara; pero de la actitud conseguimos una impresión vívida de las pasiones que le dominan. La cara del Discóbolo está calmada y tranquila; pero todos los músculos de su cuerpo se concentran en el esfuerzo. Sin renunciar a algunas de las características esenciales de la escultura del periodo arcaico, su Discóbolo es una obra plenamente clásica. Y aunque supuso un avance decisivo en el estudio del movimiento, de la tensión muscular y de la integración de la figura en el espacio no captó el aspecto emocional y los detalles de un rostro expresivo. Por ello la cabeza conserva reminiscencias de la movilidad del estilo anterior, la sonrisa se parece todavía a la expresión arcaica.
Un número considerable de otras obras existentes se adscribieron a la escuela o la influencia de Mirón, por Adolf Furtwängler. Estas atribuciones no han superado la prueba del tiempo.
Un papiro de Oxirrinco da las fechas de vencedores de Olimpia de quienes Mirón hizo estatuas del atleta Timantes, victorioso en Olimpia en el año 456 a. C., y de Licino, victorioso en 448 y 444. Esto ayuda a fijar su data. Era contemporáneo, pero algo mayor, que Fidias y Policleto.
“…Se nos fue el autor, pero nos dejo la inspiración, un toque de luz hecho balada en la trompeta y como una estrella en el universo alli donde este al oirla Rudy Ventura nos tocara para siempre al alma…”
Nacido en Canet de Mar (Barcelona) el 10 de septiembre de 1926, la figura de Ventura estuvo también muy asociada al FC Barcelona, club al que dedicó varias composiciones (entre ellas «Endavant, Barça», «Campions» o «Barça, campió de Europa»), y su trompeta se dejó oír en numerosas ocasiones en el Camp Nou, así como en las grandes citas del barcelonismo, como las finales de la Recopa de 1979 o la de la Copa de Europa de 1992.
Además, Ventura es el autor del himno de las peñas «Som del Barça». En 2001, la Asociación Profesional de Representantes, Promotores y Managers de Cataluña le rindió un homenaje, en un acto junto a otros grandes artistas de su época, como el «Dúo Dinámico», Paco Morán y Ramón Calduch. Todos ellos grandes referencias de la música de los sesenta en España, aunque su carisma y música traspasaron varios lustros, puesto que la música de todos ellos ha sido banda sonora para varias generaciones.
Hubo un tiempo en que la trompeta de Rudy Ventura siempre se asociaba a los colores del Barça, porque Jaume Ventura Andreu, Rudy para todo el mundo, era sobre todo un culé nacido en Canet que quería animar al equipo de sus sueños y por el que se entregó en cuerpo y alma. Ayer, de madrugada y con 82 años, falleció víctima de un cáncer de pulmón. Nunca más volverá a sonar su trompeta en el Camp Nou.
Para los culés, Rudy se empezó a hacer famoso en la final de Basilea. Su cariño por el Barça siempre lo compaginó con su vida artística, que comenzó en los 50, cosechando un gran éxito en aquella década y la siguiente por sus interpretaciones con su conjunto, una de las formaciones más recordadas de aquellos años dorados para las orquestas españolas. Además de tocar la trompeta --se le recuerda como uno de los mejores--, era también el vocalista.
Recuperó aquella dosis de popularidad en los 80, cuando una serie de locales de Barcelona, entre ellos su sala Festa Major, en la calle de Viladomat, empezaron a recuperar sones de otras décadas que parecían olvidados: se recuperó entonces la trompeta de Ventura y las voces profundas de José Guardiola --nada tiene que ver con el técnico azulgrana, porque además es perico--, Ramon Calduch y Eliseo del Toro. Algunos de ellos se reunían en el Festa Major de Rudy y los cuarentones de la época bailaban recordando su juventud.
El popular trompetista y músico Rudy Ventura, muy vinculado personalmente al FC Barcelona y que sufría desde hace meses una grave enfermedad, falleció la pasada madrugada, a los 82 años, informaron a «Efe» fuentes cercanas a la familia.
El funeral por Ventura se celebrará hoy en el tanatorio de les Corts de Barcelona, informó a «Efe» el FC Barcelona.
Jaume Ventura Andreu, conocido por todos como Rudy Ventura, fue un rostro muy popular a partir de finales de los años cincuenta y principios de los sesenta por sus interpretaciones con su conjunto, una de las formaciones más recordadas de aquella época dorada para las orquestas españolas, en donde, además de tocar la trompeta -recordado como uno de los mejores-, era también el vocalista.
Ventura compuso para su club. Endavant Barça quizás es la canción más famosa, pero tampoco se olvidó del equipo cuando Ronald Koeman, con su gol, conquistó la primera Copa de Europa en Wembley. Hay una anécdota que quizá mucha gente no conozca. Rudy estaba completamente convencido de que el Barça de Terry Venables conquistaría la Copa de Europa en Sevilla en 1986 frente a un desconocido y aparentemente frágil Steaua de Bucarest. Pero el título viajó a Rumanía. Ventura había compuesto una pieza especial que, volcada con varias canciones suyas de signo barcelonista, le sirvió para editar un casete. Lo tenía todo preparado para que fuera el bombazo de medianoche en una rambla de Canaletes repleta de culés eufóricos. Aquella cinta nunca vio la luz.
Entre su discografía destacan los EP que hizo para Columbia (1960-1962), «Mundial de hits» (1968) y el «Ball del Estatut» (1980).
Ventura también quiso poner su música al servicio de Catalunya durante la transición. En 1980, en pleno debate sobre el primer Estatut creó Ball de l'Estatut. No podía ser de otra manera. El funeral tendrá lugar hoy a las 13.00 horas en el tanatorio de Les Corts de Barcelona, junto a su amado Camp Nou.
…Una elección de vida de como la lección aprendida nunca siempre es la mejor para salir de la rutina diaria, envuelta en la esperanza de conseguir un mundo mejor…
Las listas de nominados a los Oscar están llenas de grandes nombres asociados, generalmente, a un escaso puñado de películas, las elegidas del año. Sin embargo, entre ellos suele colarse siempre alguna actriz, algún actor, algún guionista, de alguna película pequeña, que hacen que nos interesemos de inmediato por ellas, porque conseguir entrar entre los elegidos sin golpe de talonario es sinónimo de un trabajo excelente. Este año ha sido el turno de Melissa Leo, nominada como Mejor Actriz por Frozen River y de Richard Jenkins, candidato a Mejor Actor por The Visitor.
Y... ¿qué película es The Visitor? Casi hubiera pasado desapercibida si no hubiera sido por la nominación de Richard Jenkins, al que vemos tocando el yembé en un banco de un andén del metro...
¿Qué demonios hace un hombre de esta edad, vestido con pantalones de traje y una pulcra camisa tocando el yembé en el metro como si fuera un africano? Pues esto es lo que descubriremos a lo largo de esta película. Jenkins interpreta a Walter Vale, un profesor universitario que ha perdido su vocación en un lugar muy profundo, viudo, aburrido y bastante poco interesante... hasta que hace un viaje a Nueva York y se cruza con una pareja de inmigrantes que se han instalado en su apartamento durante su ausencia. A partir de ahí, se le abre el mundo.
A falta de algo mejor que hacer, se deja llevar por la juventud y la alegría de Tarek (Haaz Sleiman), un sirio cuya pasión es la música. Walter, para el que la única música era la clásica y el instrumento por excelencia el piano, descubre en la percusión africana un nuevo ritmo y una nueva melodía. Su mujer había sido profesora de piano y él se había descubierto sin ninguna habilidad para tocarlo y, sin embargo, se sorprende a sí mismo coordinando sus manos contra la piel del yembé, y se siente mejor que nunca. Hasta se atreve a tocar con los africanos en Central Park.
The Visitor resulta ser una maravillosa fábula sobre la convivencia entre diferentes culturas. Las vidas de un norteamericano blanco, de una senegalesa y de un sirio y su madre se entrecruzan en el que quizás sea el episodio más importante de sus vidas, y la necesidad y la voluntad hacen que los posibles problemas de la diferencia de creencias, religiones, colores de piel o costumbres ni siquiera se planteen.
Lamentablemente, quien sí lo tienen en cuenta es el Estado, sobre todo el departamento de inmigración, y la realidad entra de pleno en esta pequeña isla humana.
El director y guinista, Tom McCarthy, continúa en la misma línea que en su primera película, Vías cruzadas, entremezclando seres humanos antagónicos, con dificultades y solitarios, para explorar las relaciones que pueden surgir entre ellos y nos ofrece otra gran película, sencilla y sin alardes, pero de gran belleza y emotividad, quizás sin la frescura de su primera obra, sin la parte de comedia que tenía aquella, pero con más madurez. ¿Tendremos que esperar otros cinco años para ver la siguiente o la nominación de Richard Jenkins le dará un empuje a su carrera como director?
(Claude Oscar Monet; París, 1840 - Giverny, 1926) Pintor francés, figura clave del movimiento impresionista. Sus inclinaciones artísticas nacieron del contacto con Boudin en Le Havre, y las excursiones al campo y la playa durante su adolescencia orientaron el posterior desarrollo de su pintura.
Después del servicio militar en Argelia, regresó a París, donde en el estudio de Gleyre conoció a jóvenes artistas como Renoir, Sisley y Bazille, y en el popular café Guerbois contactó con un grupo de intelectuales, literatos y pintores como Zola, Nadar, Cézanne y Degas, que junto con Manet comenzaba a oponerse al arte establecido.
La Fundación Claude Monet abre la casa y los jardines de nenúfares en los que el padre del impresionismo pasó la mitad de su vida, y que plasmó en muchos de sus cuadros en su empeño por captar la luz y el entorno en su estado natural.
En la localidad normanda de Giverny, en las proximidades de París, se podrán contemplar durante los próximos siete meses los famosos jardines, que serán protagonistas de la primera exposición del Museo de los Impresionistas (antiguo Museo del Arte Americano), que reabrirá sus puertas el próximo mes tras tres años cerrado.
Los jardines, diseñados por el propio artista, responden a una clara vocación paisajística del pintor y destilan una fuerte inspiración japonesa, como muestra el puente sobre el estanque de nenúfares, representado en varias telas, así como plantas de bambú y almendros en flor.
Esta fuerte influencia oriental se debe al gran interés que las estampas japonesas tuvieron para los impresionistas, lo que se pone de manifiesto en el gran número de estas obras que cuelgan de las paredes de la casa.
A partir de 1872, Monet se interesó por el estanque de Argenteuil como lugar idóneo para adaptar su técnica a la representación rápida del agua y la luz. La obra titulada Monet trabajando en su barco en Argenteuil (1874, Neue Pinakothek, Munich) representa esa especie de laboratorio náutico desde el que el artista podía navegar sobre el agua del estanque apreciando los cambiantes efectos luminosos de su superficie, que reproducía mediante diversas variaciones sobre un mismo tema. El barco-taller de Monet se oponía radicalmente a la idea de estudio que veinte años antes exaltaba Courbet en su obra El estudio del pintor, y suponía un pintoresco testimonio de las principales aspiraciones impresionistas.
La incipiente luz del amanecer y sus aleatorios reflejos sobre el agua pueden apreciarse también en la mítica obra Impresión, sol naciente (1872, Museo Marmottan, París), pintada en Le Havre. En poco más de medio metro cuadrado numerosas pinceladas se superponen en un solo color general neutro, captando el instante luminoso del amanecer y los destellantes reflejos del sol rojizo sobre el agua; la rapidez que la fugacidad del tema exigía, condicionó el formato, la técnica e incluso el título, condensado manifiesto de intenciones que dio nombre al grupo, cuando, en 1874, al mostrarse la obra en la primera exposición impresionista, el crítico Louis Leroy empleó el término para referirse despectivamente, en Le Charivari, a quienes hasta ese momento eran conocidos como el grupo de Manet.
El primero de los ismos modernos tenía ya denominación y Monet era considerado jefe del grupo. De 1878 a 1881 el artista permaneció en Vétheuil, trabajando en la línea iniciada en Argenteuil, sin participar en la quinta y sexta exposiciones impresionistas de los años 1880 y 1881. Después de una estancia en Poissy, que se prolongó hasta 1883, Monet, en compañía de su segunda esposa, Alice Hoschedé, se trasladó a Giverny, donde vivió hasta su muerte.
A partir de 1890 la pintura de Monet se vuelve más compleja y la inmediatez y la euforia iniciales se transforman en insatisfacción y melancolía, en un difícil intento por conciliar la técnica fresca y expresiva de sus primeros años con búsquedas más profundas y ambiciosas que podían prolongarse durante varios días, meses e incluso años, con la intención de crear obras que encerraran una mayor complejidad: variaciones que en su reiteración temática permitieran enfatizar la investigación de las resoluciones formales. Efecto de nieve (1891, National Gallery of Scotland, Edimburgo), Almiares (1891, Museo de Orsay, París), Almiares, puesta de sol (1890-1891, The Art Institute, Chicago), son obras que forman parte de algunas de sus primeras series.
Desde 1870, el pintor adquirió hasta 211 estampas japonesas, algunas de ellas de Utamaro, de Hokusai y de Hiroshige, que ahora forman parte de la vasta colección que se puede ver en su casa de Giverny.
El jardín se extiende a lo largo de dos hectáreas, divididas por una carretera, y fue, durante 43 años, una de las obras que Monet mostraba con más orgullo a sus amigos.
La pintura rápida como las pochades o études era, en aquella época, del agrado de la sociedad siempre que ésta se circunscribiera al tema del paisaje en pequeño formato. La temprana obra de Monet, La costa de Sainte-Adresse (1864, Institute of Arts, Minneapolis), recuerda a su iniciador Boudin, pero adquiere mayor alcance al aplicar la pintura directa a temas y formatos de mayor complejidad y tamaño.
Similar innovación puede apreciarse en Mujeres en el jardín (1866, Museo de Orsay, París), obra rechazada en el Salón de 1867, en la que tres mujeres se divierten en el campo bajo un sol tan intenso que sus vestidos alcanzan el blanco en estado de gran pureza, con escasas modulaciones intermedias y marcadas escisiones entre las zonas de luz y sombra. La instantaneidad de la escena se pone de manifiesto tanto por la precisión luminosa del momento como por el dinamismo de las figuras, correteando y girando caprichosamente alrededor de un árbol. Con esta ambiciosa obra, Monet se aleja del tratamiento tradicional que hasta entonces se dio al retrato -el retrato de su primera mujer, Camile, había sido ensalzado por Zola en el Salón de 1866- y se inclina por la integración de las figuras en la naturaleza.
Los serios problemas económicos y el nacimiento de su hijo ilegítimo, Jean, en 1867, condujeron a Monet a vivir una época de hambre y pobreza extremas, así como a un intento frustrado de suicidio. Durante la contienda franco-prusiana, el artista se refugió en Inglaterra, donde conoció a Pissarro y obtuvo el apoyo económico y la amistad de Paul Durand-Ruel. Allí se interesó mucho por la obra de Turner, que tanto influiría en su percepción de la luz y el color. Según Monet, el pintor que se coloca ante la realidad no debe hacer distinciones entre sentido e intelecto.
A una hora de París en tren, la casa de Giverny recibió a artistas de la talla de los pintores Camille Pissarro y Auguste Renoir, el escultor August Rodin, el escritor Octave Mirbeau o el político Georges Clemenceau.
Gran gestor de todo cuanto pasaba en la casa, Monet supervisaba diariamente el trabajo de los jardineros que, entre sus cometidos, tenían el de limpiar cada día todos los nenúfares del estanque que inmortalizó en la obra 'Nympheas'. Y tenían que hacerlo antes de que se despertara el pintor.
El cuidado del complejo
En la actualidad más de una decena de profesionales cuidan el jardín que diseñó el artista, junto a un invernadero en el que se reproducen las plantas que escogió Monet para su floresta.
Así, el artista se decantó por parterres monocromos, para "dibujar" en la naturaleza con flores de otros colores y elaborar "cuadros" naturales.
La casa, en la que vivió con su segunda esposa Alice y su nueva familia, con ocho hijos (dos de su primera mujer Camille, y seis de su cónyuge), preside el enclave, que gestiona la Fundación Monet desde 1966, cuando el heredero del pintor, Michel Monet, la legó a la Academia francesa de Bellas Artes.
Sin embargo, la más conocida es la que dedicó en 1892-1893 a la catedral de Ruán, en la que se evidencia, de un modo poético y didáctico, cómo las variaciones de la luz alteran la percepción del medio que modula esa energía, cómo la luz y color constituyen fenómenos indisociables de la percepción humana. Monet pintó cincuenta cuadros de la catedral, dieciocho de ellos del pórtico, y afirmó que: "Podía haber realizado cincuenta, cien, mil, tantos como segundos hubiera en su vida..."
Durante los últimos treinta años de su existencia, el artista trabajó en torno a su jardín de agua de Giverny. En un prado vacío por el que pasaba un pequeño arroyo construyó un exuberante jardín en el que un gran estanque, colmado de nenúfares de todos los colores y rodeado por sauces y árboles exóticos, se cruzaba por un pequeño puente, de forma ovalada, que aparecía en numerosas pinturas de la época, como en El estanque de las ninfeas (1900, Museo de Orsay, París) o la lírica composición titulada El puente japonés (1918-1924, Museo de Orsay, París).
Todo el tiempo y el dinero que Monet invirtió en la construcción de este jardín se vio compensado por las pinturas que de él surgieron; el agua era nuevamente un espejo cuya apariencia se modificaba con los efímeros e imprevisibles cambios del cielo que en él se reflejaban.
Allí nacieron también las conocidas series de Ninfeas o nenúfares que, más tarde, se asociaron a las aportaciones de Kandinsky, Klee, Picasso y Braque, como símbolos del nacimiento de la abstracción en la pintura occidental, tras largos siglos de predominio de la representación figurativa. Las Ninfeas: paisaje acuático (1903, Bridgestone Museum of Art, Tokio), Nenúfares al atardecer (1916-1922, Kunsthaus, Zurich) o Ninfeas (1919-1920, Museo Marmottan, París) son obras de gran formato que, en cierto modo, pueden ser contempladas por el espectador contemporáneo como pinturas abstractas.
Cézanne aludió a la capacidad del artista para captar objetiva e inmediatamente la realidad. Sin embargo, su proceso creativo iba más allá de la observación directa de la naturaleza y empleaba la memoria visual como recurso imprescindible para el acabado de sus composiciones. Las imágenes que se forman en la memoria son percepciones, igual que las determinadas por la visualización de las cosas, y entre ambas puede surgir, como ocurrió en la pintura de Monet, una nueva concepción de la imagen pictórica de la realidad.
En sus últimas composiciones de lirios de agua, la forma está prácticamente disuelta en manchas de color lo que, de algún modo, resulta una anticipación de lo que sería más tarde el arte abstracto.
Conservado tal y como lo dejó el autor de 'Impresión, sol naciente', se tuvo que hacer un gran esfuerzo de renovación tanto del jardín como de la casa para que, a partir de su inauguración en 1980, los visitantes pudieran observar cómo era el taller, el dormitorio o el comedor.
Sin embargo, la casa no tiene en sus paredes ningún lienzo del padre del impresionismo que, en su mayoría se encuentran en el Museo Marmottan. Eso se debe a que, de haber cuadros, habría que "aumentar la seguridad" del complejo museístico de este pueblo normando de 520 habitantes, señaló el presidente de la Fundación Monet y académico, Hugues R. Gall.