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lunes, 4 de mayo de 2009

TRAS LA PUERTA: EL TEJO



Taxus baccata (tejo europeo) o (tejo común) especie de tejo originaria de Europa occidental, central y meridional y del noroeste de África, el norte de Irán y el sudeste asiático Asia.


El tejo común (Taxus baccata) es un árbol discreto. Al verlo, muy pocos se imaginan que tras este ser de apariencia triste, se esconde uno de los árboles que más ha influido en gran parte de la historia de Occidente. Numerosos pueblos de la geografía española como Teixeiro, Teixido o El Tejo, son reflejo de la importancia que tuvo en el pasado. Por desgracia, hoy en día, en alguno de estos pueblos no existe un solo tejo silvestre vivo.



Mary Rose, el barco preferido del rey de Inglaterra Enrique VIII. Hundido en 1545, en su interior se han encontrado 167 arcos hechos de madera de tejo, lo que demuestra el interés que este árbol tenía en la antigüedad. Aunque en este caso, desgraciadamente fuera para matar.


Uno de los instrumentos de madera más antiguos que se conocen, es un hacha de tejo de 36,7 cm. de longitud hallada en 1911 en Clacton (Inglaterra), a la que le calculan unos 50.000 años de antigüedad. Los mejores arcos, eran los de madera de tejo. Cuenta la leyenda que el arco de Robin Hood era de este material. Hubo un tiempo, en que los bosques de tejos tenían una enorme importancia estratégica. Tener muchos tejos, significaba que el suministro de armas en tiempos de guerra estaba garantizado.



A partir de los arcos encontrados en el Mary Rose, se han hecho fieles reproducciones que atestiguan la efectividad de los arcos de tejo. En competiciones celebradas en Inglaterra, han conseguido lanzar una flecha a más de 304 metros.


Las virtudes curativas del tejo son conocidas desde hace milenios. El emperador Claudio publicó un edicto en el que señalaba al tejo como el mejor antídoto contra las picaduras de ofidios. Sin embargo, la utilidad medicinal del tejo, con el tiempo quedó en desuso. Hasta que en 1971 un instituto americano descubrió en la corteza del tejo del Pacífico (Taxus brevifolia), el taxol, una sustancia que hoy en día es uno de los más potentes anticancerígenos. Sin embargo, para tratar a una sola persona se necesitan talar dos o tres tejos del Pacífico adultos. Por esta razón, los bosques de taxus brevifolia fueron esquilmados. Afortunadamente, los científicos han podido sintetizar la sustancia en laboratorio. Además se ha descubierto en el tejo común una sustancia parecida al taxol, y para obtenerla, no es preciso talar el árbol, pues se encuentra en las hojas y se pueden utilizar las ramas de las podas. No despreciemos al tejo, a lo mejor un día nos salva la vida.



La necesidad de talar el árbol para obtener el taxol, hizo peligrar al tejo del Pacífico. Afortunadamente, se han encontrado alternativas para obtener esta sustancia.


Del mismo modo que cura, el tejo puede matar. Todas las partes del tejo, excepto la carne roja de las bayas, contienen taxina, un potente alcaloide. Julio César cuenta que Catuvalcus, jefe de los eburones, se suicidó con una infusión de tejo. Los tóxicos del tejo paralizan el sistema nervioso central. La ingestión de tejo acelera el pulso al principio, que después se va volviendo más lento e irregular. La muerte se produce por parálisis respiratoria. Caballos y asnos son sensibles a este veneno, se sabe de equinos que han caído fulminados a los pocos minutos de haber ingerido hojas de tejo. En cambio, otros animales como conejos y gatos son inmunes a la taxina.



La carne roja de la baya del tejo, es, en contra de lo que muchos piensan, la única parte no venenosa del árbol. Las intoxicaciones, normalmente se producen al mordisquear hojas o ramillas.


El tejo es uno de los árboles más longevos del mundo. Del tejo de Fortingall-Escocia se dice que es el árbol más viejo de Europa. Una inscripción al pie, le atribuye 5000 años, aunque estimaciones, seguramente más realistas, rebajan su edad a unos 2000. De lo que no hay duda es que este tejo, con sus 15,83 de diámetro de tronco, es el más grande del mundo. La leyenda cuenta que Poncio Pilato era hijo de una mujer de la localidad y de un oficial romano, y jugaba en este tejo cuando era niño. En la actualidad, el tejo de Fortingall, está muy desmejorado. Su tronco, al igual que otros muchos viejos tejos, está ahuecado, y partido por la mitad. Los años, no pasan en balde, ni siquiera para los tejos.


Es una conífera que puede crecer hasta 10-20 m, excepcionalmente 28. Tiene un tronco marrón grueso que puede llegar a los 4 m de diámetro. Su crecimiento es lento pero puede llegar a vivir 4000 años. Las hojas, lanceoladas, delgadas y de tono verde oscuro, miden 1-4 cm de largo por 2-3 mm de ancho y se agrupan espiralmente sobre el pedúnculo.


Es una planta dioica, aunque ocasionalmente monoica, que puede cambiar de sexo según la estación. Cada piña contiene una única semilla de 4-7 mm de larga que se rodea de una estructura roja que le da forma de baya llamada arillus que madura a los 6-9 meses tras la polinización. Los pájaros se lo comen y lo dispersan.


Crece en ambientes húmedos y frescos, en zonas montañosas, en las umbrías, a partir de los 800 m aproximadamente. Es un árbol de gran corpulencia. En condiciones naturales, las raíces del tejo europeo pueden estar colonizadas por ciertos hongos microscópicos del suelo, formando una simbiosis que se denomina micorriza arbuscular. Este tipo de micorriza está presente, por otra parte, en la mayor parte de las especies espontáneas y cultivadas en todo el planeta. Se sabe que los hongos que forman la simbiosis facilitan la nutrición de la planta, especialmente la captación de fosfato pero también de otros nutrientes, y que están probablemente relacionados con la resistencia de la planta a distintos factores bióticos y abióticos. La micorriza arbuscular está, por tanto, estrechamente relacionada con la capacidad del tejo para desarrollarse en su medio natural. Esta simbiosis puede favorecerse también en viveros, a través de la inoculación controlada de los hongos adecuados.


Actualmente en España, el tejo suele encontrarse como árbol aislado, en mezcla con otras especies, formando a veces pequeños rodales; el mayor número de ejemplares se halla en los sistemas montañosos septentrionales. La lentitud de su desarrollo y germinación lo convierten en una especie poco competitiva que va quedando relegada a enclaves donde la topografía le favorece.



En la Península Ibérica, aunque han sido diezmados en los últimos siglos, todavía podemos encontrar ejemplares notabilísimos. El "Teixedal de Casaio" en Peña Trevinca, un bosque compuesto por trescientos tejos centenarios, incluso se habla de alguno milenario, es sin duda el mejor conservado de España. Y aunque se dice que los tejos más impresionantes están en las Islas Británicas, tejos como el "Tenxu L Iglesia" en Quirós-Asturias con 15 m. de alto y 6,6 m. de perímetro no desmerecen en absoluto.



La rojiza madera del tejo, es de una dureza extraordinaria, comparable a la del boj, esto unido a su resitencia al frotamiento, hace que en el pasado fuese muy utilizada para los ejes de los carros.


El tejo fue un árbol sagrado para los Celtas. Los druidas con sus ramas hacían bastones "mágicos" y con palillos de tejo adivinaban el futuro. La llegada del cristianismo no cambió este aura mística del tejo. Los cristianos, a menudo construyeron sus iglesias y cementerios al lado de tejos que ya habían sido sagrados para los Celtas. La leyenda cuenta que las raices de los tejos, llegan a bocas de los cadáveres, simbolizando la vida en la boca de la muerte.


El tejo europeo es muy utilizado en horticultura ornamental. Existen un gran número de variedades. Su madera se emplea para la fabricación de distintos tipos de muebles y, excepto los arilli, contienen una sustancia llamada taxina que se emplea en tratamientos de quimioterpia y es tóxica.


Se cree que tenía un significado místico y sagrado en cultos paganos precristianos y a veces hay tejos cerca de iglesias cristianas.


Ya en la antigüedad, el tejo era una especie muy apreciada, particularmente por su madera de gran calidad, y estudiada tanto por sus propiedades curativas como venenosas. Fueron los griegos quienes dieron al tejo el nombre de Taxus en función de dos aspectos importantes de este árbol: taxon= arco y toxikon= veneno; por un lado su madera, resistente y flexible, se utilizaba para la fabricación de arcos y, por otro, su naturaleza venenosa era bien conocida (se le llamaba árbol de la muerte), siendo nombrada con frecuencia en la literatura griega y también en la latina.


Julio César habla de este árbol en el sexto libro de De Bello Gallico, publicado en el año 51 a. C., donde menciona la muerte del jefe Catuvolcus, quien se suicidó bebiendo una infusión hecha de la corteza del tejo. Esta constante sobre el poder venenoso del tejo continuó a lo largo de la historia y ha llegado hasta nuestros días. Respecto al poder curativo del árbol, el emperador Claudio ya lo recomendaba como antídoto para algunas mordeduras y en el siglo XVIII era considerado antirreumático, antimalárico y antiabortivo. También los druidas irlandeses tenían un gran respeto al tejo porque creían que era eficaz contra las hadas y las brujas en ceremonias mágicas.


Sin embargo, el tejo europeo o común ha pasado de ser una especie sagrada y ampliamente difundida en la antigüedad a estar en progresiva regresión, casi en peligro de extinción, siendo necesario proponer su conservación e incluso la repoblación en las áreas más propicias.



Una de las causas de regresión de la especie en el medio natural han sido las talas para el aprovechamiento de su madera de gran calidad, pero también se citan otras como la deforestación, ocasionando cambios ambientales y relegando la especie a aquellas zonas donde el ambiente ha permanecido húmedo. En algunos lugares ha sido eliminado por los pastores precisamente por su toxicidad para el ganado. Igualmente, por la lentitud de su crecimiento y la limitada germinación de sus semillas, ha sido dominado por otras especies. Por esta razón, en muchas partes de Europa, los tejos antiguos individuales son considerados monumentos de la naturaleza como restos de antiguos bosques y, por lo tanto, protegidos y conservados.


Por otro lado, precisamente por su crecimiento lento, su longevidad y su tolerancia a la poda, el tejo europeo ha sido considerada la planta por excelencia para utilizar en los jardines de topiaria, siendo indispensable junto con el boj en los jardines de estilo barroco. Existen también más de 130 variedades ornamentales de tejo, que son cultivadas en parques y jardines, y su número va en aumento. Sin embargo, su uso en jardinería para setos ha disminuido respecto al pasado por varias razones, entre ellas la lentitud de su crecimiento, que se ve superada por otras especies de coníferas como la Thuja plicata y sus cultivares que también toleran la poda y son de crecimiento rápido, resultando pues más interesantes para la jardinería moderna que no quiere esperar. De todos modos, el resurgimiento del arte de la topiaria en nuestros días puede devolver en este sentido el interés por esta especie.


3 comentarios:

  1. Me voy de tu blog con un bagaje de aprendizaje impresionante. Excelente entrada.
    Te dejo un abrazo.

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  2. Me ha encantado este post sobre el tejo, nunca pensé que tuviera tanta historia, la verdad.

    Gracias Jose Ramon ;)

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  3. MUY BUENO EL BLOG MUY INFORMATIVO.sALUDOS.

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